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Le Gentil: el astrónomo desastre

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Cuando era niño me imaginaba la profesión de astrónomo como algo hecho para gente solitaria. Para bohemios soñadores, en un sentido más de artista que de otra cosa. La noche, un telescopio y la soledad del que contempla la Creación con mayúsculas. Así veía yo a los astrónomos. Cierto es que en aquel entonces devoraba libros de Julio Verne y de Edgar Allan Poe, llenos de aventuras y aventureros científicos que recorrían el globo terráqueo para descubrir sus misterios aún por explorar. Pues hubo un tiempo en el que, para hacer ciencia, había que explorar y viajar por un planeta lleno de peligros. La historia que voy a narrar forma parte de la vida de un astrónomo sin suerte. Alguien que podría haber sido perfectamente un personaje de un libro de Verne, o de Poe. Alguien con una misión científica en un mundo todavía por explorar, con muchas incógnitas pendientes que había que resolver con ayuda de los pocos medios que la tecnología de la época permitía. Me he permitido el lujo de titula...

¿Por qué el Sol está cada vez más caliente?

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  Desde que se encendió el Sol hace 5.000 millones de años, no ha parado en ningún momento de brillar. Afortunadamente para nosotros (para la vida en la Tierra) y, también, para nosotros (los científicos de este planeta). Con esta segunda afirmación lo que quiero decir es que habría sido toda una sorpresa que el Sol hubiera dejado de brillar en algún momento. Una sorpresa algo desagradable, todo hay que decirlo. El motivo es claro: conocemos a la perfección los mecanismos que hacen brillar una estrella y, por tanto, que hacen brillar a “nuestra” estrella. Y no caben las sorpresas en tal mecanismo. Se habrían tenido que violar leyes de la física que son inviolables para que el Sol hubiera dejado de brillar. Y con alguna autoridad, si no toda, los científicos de la Tierra podemos afirmar que el Sol brilla hoy con más intensidad que antes. Y, por “antes”, entiéndase todo pasado anterior a “ahora”. Para entenderlo, empecemos por el principio. Hace unos 5.000 millones de años, casi ...

El reno relativista

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Tengo que decir que estas fechas me gustan. Entiendo que haya personas a las que no, pero a mí me encantan. Me retrotraen a la infancia y a esa inquietud que tenía de pequeño por saber qué regalos me traería Papá Noel y, días más tarde, los Reyes de Oriente. Cierto es que en aquel entonces tenía muchas dudas acerca de la existencia de todos ellos, tanto de Papá Noel como de Melchor, Gaspar y Baltasar… Siempre tuve una mentalidad muy científica, también de pequeño y, para mí, era un hecho inexplicable cómo era posible que consiguieran estar en todas las casas de todos los niños del planeta a la vez. Claro: esta pregunta efectuada a un adulto pocas veces tenía una respuesta comprensible que no fuera más allá de un: “pues porque sí”, o un: “porque los renos y los camellos son mágicos”, y dejo la mejor para el final: “ya lo averiguarás cuando seas mayor” … . Reconozco que esta última siempre me dejaba un poco extrañado, pero con esperanzas de que ese misterio, cuando fuera mayor, sería...

El problema de la basura espacial: la herencia que dejamos en el cielo.

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Hay una frase que repito a menudo: los seres humanos dejamos huella allí donde posamos el pie… o nuestras naves espaciales. La contaminación, esa sombra que acompaña a nuestra civilización desde que aprendimos a fabricar fuego, ha llegado también al espacio. Allá arriba, a cientos de kilómetros sobre nuestras cabezas, orbita una nube invisible y peligrosa de desechos. Tornillos, trozos de cohetes, satélites moribundos que siguen girando sin rumbo. Es la basura espacial, la nueva frontera del descuido. Desde que en 1957 el Sputnik inauguró la era espacial, la órbita terrestre se ha ido poblando de objetos de todo tipo. Hoy se calcula que más de 130 millones de fragmentos de distinto tamaño rodean la Tierra. Los hay grandes como un autobús, pequeños como un grano de arena. Y todos viajan a velocidades que rozan los 30.000 kilómetros por hora, siete veces más rápido que una bala. A esa velocidad, una simple arandela puede perforar el fuselaje de una nave o dejar fuera de servicio un s...

3I/ATLAS: un visitante interestelar

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  E n 1973, Arthur C. Clarke escribió Cita con Rama. En esta maravillosa obra, el que probablemente sea el mejor escritor de ciencia ficción junto con Isaac Asimov, situaba en el futuro, allá por el año 2130, la llegada de un objeto interestelar y construía una novela para contar el revuelo que supuso para la humanidad descubrir que tal objeto era artificial. No desvelo más porque no han pasado los años por la novela, que sigue siendo genial, si obviamos las primeras páginas en las que el escritor está muy influenciado por la Guerra Fría. No hay que olvidar que la obra se gestó en los años setenta; aun así, la novela se desacopla rápidamente de esa parte y fluye como debe, ajena al tiempo y a situaciones concretas de nuestra historia reciente. Aconsejo a nuestros oyentes la lectura, sean o no amantes del género de ficción científica. Y así pueden comprobar si, como a mí, les resulta totalmente imposible distinguir un texto de Clarke, de un texto de Asimov. De Asimov, por no dejar...

Jorge Juan de Santacilia, el sabio español, y el achatamiento de la Tierra

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Los planetas giran, las estrellas giran, nuestro Sol gira… Todo gira en este Universo hecho tan a nuestra medida y tan comprensible para los seres humanos, que asusta. El ecuador del Sol rota a una velocidad de una revolución cada 25 días aproximadamente. Y digo el ecuador, porque el resto del Sol rota más despacio. Júpiter también rota muy rápido: unas 10 horas emplea el rey de los planetas en dar una vuelta sobre sí mismo. Esta velocidad enorme hace que su achatamiento sea perceptible incluso al ojo del telescopio del aficionado. No es de extrañar, por tanto, que hacia el siglo XVIII, esto fuera conocido. Ya en épocas más modernas, hemos descubierto que algunas estrellas giran tan rápido que más parecen discos que otra cosa, siendo su física bien distinta a la que gobierna las estrellas más “normales”, entendiendo por normal una estrella que rote más despacio, como nuestro Sol. Por tanto, es comprensible pensar que cuando una estrella o un planeta rotan, se abomban por el ecuador. La...

Las Perseidas

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  Cada verano, los aficionados a la astronomía tienen una cita ineludible con los cielos. Se trata de las Perseidas, una de las lluvias de estrellas más esperadas. Cierto es, no lo negaré, que mucho de ese interés tiene que ver con el verano (en el hemisferio norte), el mes de agosto, las vacaciones… Incluso, si me lo permitís, a uno, que está chapado a la antigua y, además, tiene pueblo, le vienen los recuerdos de la infancia donde, alejados de las grandes ciudades y del “estrés” luminoso, se disponía a observar un cielo negro tachonado de estrellas. Y es que, las noches de verano, invitan a mirar a las estrellas y verlas correr por los cielos. Pero en mi párrafo anterior he dado por sentadas muchas cosas. Primero, que sabemos qué son las estrellas fugaces, segundo que sabemos cómo verlas… en resumen, que hay mucho que aclarar y explicar si queremos entender bien qué estamos observando y no queremos perdernos el espectáculo. Para empezar, las estrellas fugaces no son estrellas...