3I/ATLAS: un visitante interestelar
En 1973, Arthur C. Clarke escribió Cita con Rama. En esta maravillosa obra, el que probablemente sea el mejor escritor de ciencia ficción junto con Isaac Asimov, situaba en el futuro, allá por el año 2130, la llegada de un objeto interestelar y construía una novela para contar el revuelo que supuso para la humanidad descubrir que tal objeto era artificial. No desvelo más porque no han pasado los años por la novela, que sigue siendo genial, si obviamos las primeras páginas en las que el escritor está muy influenciado por la Guerra Fría.
No hay que olvidar que la obra se gestó en los años setenta; aun así, la
novela se desacopla rápidamente de esa parte y fluye como debe, ajena al tiempo
y a situaciones concretas de nuestra historia reciente. Aconsejo a nuestros
oyentes la lectura, sean o no amantes del género de ficción científica. Y así
pueden comprobar si, como a mí, les resulta totalmente imposible distinguir un
texto de Clarke, de un texto de Asimov. De Asimov, por no dejarlo ahí y se vean
obligados a hacer la búsqueda por sí mismos, la saga de novelas de La Fundación
es excelente y buena prueba del estilo del escritor.
Volviendo al tema que nos ocupa, hay una palabra en el primer párrafo por
la que merece la pena detenernos un momento. Se trata de la palabra “interestelar”.
¿Qué significa exactamente que un objeto celeste sea interestelar y por qué es
capaz de encender nuestra imaginación hasta extremos impensables? Al menos, la
imaginación de los científicos y de los escritores de ciencia ficción. Y
también (y sobre todo) la del astrofísico de Harvard Avi Loeb, al que
volveremos más adelante.
Un objeto interestelar es un cuerpo celeste que no está ligado
gravitacionalmente a ninguna estrella. Si pensamos en los planetas del sistema
solar, éstos dan vueltas a nuestro Sol. Están ligados gravitacionalmente al Sol
y viajan con él en órbitas elípticas. Todos los objetos que orbitan el Sol
pertenecen a nuestro Sistema Solar. También los cometas que tienen órbitas
conocidas y que periódicamente regresan una y otra vez, aunque su órbita sea
muy elíptica y vengan de lugares tan remotos como la nube de Oort.
Cuando miramos al cielo y descubrimos un nuevo objeto celeste que viene
hacia nosotros, lo primero que hacemos es calcular su órbita. Más que nada
porque nos preocupa que el objeto pueda cruzarse con nuestro planeta en alguna
carambola cósmica catastrófica. Pero no sólo por eso. También porque sentimos
curiosidad por ese objeto y queremos saber si es una roca que forma parte de
nuestro Sistema Solar o bien es un objeto interestelar que viene de otras
estrellas. Y, para saber esto, la órbita es fundamental: si es elíptica, es un
objeto ligado al Sol. Pero si es hiperbólica, entonces no viene de nuestro
sistema solar, sino que está viajando entre las estrellas y ahora le toca pasar
cerca del Sol. Pasará y nunca más volverá.
Por tanto, todo objeto que tenga una órbita hiperbólica, pasará cerca del
Sol, ganará velocidad en el acercamiento y seguirá su camino alejándose para
siempre disminuyendo un poco su velocidad según se aleje. Es normal y se debe
al tirón gravitacional que genera el sol. Pero venga de donde venga, lo cierto
es que ese objeto ha estado viajando durante miles de millones de años por el
espacio y, durante una breve fracción de tiempo, habrá sido visible por
nosotros. Y creedme que conocer todo lo que se pueda de un objeto así, nos
daría muchísima información no sólo de nuestro Sistema Solar, sino de otros
mundos que no son este.
El primer objeto interestelar descubierto fue Oumuamua, en el año 2017. Era
un objeto alargado con forma de cigarro puro, que causó gran extrañeza por
presentar una aceleración peculiar no esperada. Lo descubrió Robert Weryk, el
19 de octubre de 2017 usando el telescopio Pan-STARRS1, en Hawai. Oumuamua, en
hawaiano significa “mensajero que llega primero desde lejos”. Sinceramente me
parece un buen nombre para ese primer objeto interestelar registrado. Hubo
otros visitantes. Seguro. En la historia de la Tierra puede que centenares de
miles o más. Pero no hubo nadie mirando o sabiendo qué mirar o con medios para
mirar. Realmente no sabemos cuántos objetos de este tipo hay: lo importante es
que nunca habíamos descubierto uno y, de repente, apareció Oumuamua.
Si os causa curiosidad, os puedo dar algunos datos: pasó a unas 0,25
Unidades Astronómicas (unos 37 millones de kilómetros) del Sol, a una velocidad
de 87 km/s, tenía entre 100 y 400 metros, una proporción de 10 a 1, es decir,
si midiera 10 metros de largo, mediría uno de ancho, algo nunca visto antes en
un objeto celeste, que tienden a ser redondos por la acción de la gravedad. No
mostró ninguna cola visible, por lo que su paso cerca del Sol no generó la
evaporación de ningún material, pero es verdad que su aceleración aumentó al
alejarse, lo cual desconcertó mucho a los científicos.
Ahí entró en acción Avi Loeb, de la Universidad de Harvard que, ni corto ni
perezoso, intentó explicar esa aceleración con ausencia de cola cometaria
afirmando que se trataba de un objeto extraterrestre, como el Rama de la novela
de Clarke. Es verdad que esta idea suya no ha sido seguida por el resto de
científicos. Pero también es verdad que debido a aquello, existe ahora el Proyecto
Galileo, que busca evidencias de tecnología extraterrestre en los objetos
interestelares. Por mucho que haga afirmaciones más dignas de un programa de
“Cuarto Milenio” que de un científico, Loeb no deja de ser un astrofísico muy
reputado por sus trabajos en cosmología, astrofísica de agujeros negros,
materia oscura y exoplanetas. Otra cosa es que utilice ese reconocimiento que
sin duda tiene y nadie le puede negar, para realizar afirmaciones no
científicas y alejadas de las cosas demostrables. Si nuestros oyentes bucean
estos días en X o en Instagram, podrán dar buena cuenta de ello.
Afortunadamente (o no) el segundo de los objetos interestelares descubierto
fue mucho más “normal”… el 2I/Borisov. Se entienden ahora ese 2 y esa I,
¿verdad? “2” por segundo objeto e “I” por interestelar… Fue descubierto el 30
de agosto de 2019 y pasó por el perihelio (el punto más cercano al Sol) a unas
2 Unidades Astronómicas. El doble de la distancia entre la Tierra y el Sol. Su
órbita también era hiperbólica, por lo que claramente era un objeto que venía
de fuera del Sistema Solar, pero su comportamiento fue totalmente cometario.
Presentó una cola bien visible compuesta principalmente por cianógenos y agua,
como un cometa normal y algo más de monóxido de carbono de los que tienen los
cometas de nuestro Sistema Solar. Si los científicos consideran Oumuamua como
un asteroide o un artefacto ambiguo (tal cual), Borisov es claramente un
cometa.
Y no hay dos sin tres: 3I/ATLAS, descubierto el 1 de julio de 2025 por un
telescopio de la red chilena ATLAS, que es un conjunto de telescopios
especialmente diseñados para buscar asteroides peligrosos para la Tierra pero
que, en los últimos años, se ha convertido en un cazador de fenómenos
transitorios raros, como explosiones de estrellas, cometas raros o, como en
este caso, visitantes interestelares.
El punto más cercano al Sol de 3I/ATLAS será de 1,4 Unidades Astronómicas,
tendrá lugar hacia el 29/30 de octubre y su tamaño no se ha medido aún con
precisión y oscina entre los 300 metros y los 5 kilómetros de diámetro, un
tamaño digno de cualquier cometa de nuestro sistema solar. Pero su órbita hiperbólica
lo delata como claramente un objeto interestelar.
Presenta una cola cometaria, lo cual nos ha permitido saber que contiene
dióxido de carbono, cianuro y níquel, algo un poco raro porque esa mezcla no es
habitual. Y su luz muestra una polarización negativa extrema. Esto es algo realmente
raro y sugiere que el polvo es muy poroso y su núcleo tiene que estar formado
por materiales que no conocemos. ¿Por qué? La luz normal vibra en todas
direcciones: decimos que la luz está polarizada cuando vibra más en ciertas
direcciones que en otras. Cuando decimos que la luz reflejada de un cometa
presenta polarización negativa lo que queremos decir es que en vez de ser
reflejada de manera normal, como si el cometa fuera un espejo, está reflejada
como si el cometa estuviera formado por muchísimos granos muy pequeños,
irregulares y mezclados con gas.
Para más inri, no se comporta como un cometa al uso. Su actividad (la
cantidad de gas y polvo que libera en forma de coma) es mucho más alta de la
que debería en el punto de la órbita en la que está. Esto, para los científicos
normales, no deja de ser una curiosidad: estamos ante un objeto diferente que
viene de otro sistema solar y es normal que veamos cosas nuevas. Pero para Avi
Loeb (una vez más) podría ser una sonda extraterrestre y así lo ha estado (y lo
está) predicando por doquier en todos los medios de comunicación y redes
sociales donde tiene cuenta.
Lo cierto es que su llegada está causando expectación y se está siguiendo
el objeto con el Hubble y el James Webb Space Telescope. También la ESA y el
Instituto de Astrofísica de Canarias están implicados en su observación. El
objeto parece venir del disco de nuestra Vía Láctea, una región que se sabe que
es más antigua y menos densa que la zona donde nos encontramos nosotros, que en
realidad nos vamos moviendo por la periferia entre los brazos de la galaxia.
Pensamos, por tanto, que es un objeto mucho más antiguo que nuestro Sistema Solar.
3I/ATLAS alcanzará su máximo brillo a finales de octubre de 2025 y será
observable con telescopios de aficionados (no a simple vista) en el Hemisferio Sur.
Tras esto, se perderá detrás del Sol y volverá a ser visible hacia diciembre,
pero ya muy débil por la distancia y alejándose para siempre.
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