Las Perseidas
Cada verano, los aficionados a la astronomía tienen una cita ineludible con los cielos. Se trata de las Perseidas, una de las lluvias de estrellas más esperadas. Cierto es, no lo negaré, que mucho de ese interés tiene que ver con el verano (en el hemisferio norte), el mes de agosto, las vacaciones… Incluso, si me lo permitís, a uno, que está chapado a la antigua y, además, tiene pueblo, le vienen los recuerdos de la infancia donde, alejados de las grandes ciudades y del “estrés” luminoso, se disponía a observar un cielo negro tachonado de estrellas. Y es que, las noches de verano, invitan a mirar a las estrellas y verlas correr por los cielos. Pero en mi párrafo anterior he dado por sentadas muchas cosas. Primero, que sabemos qué son las estrellas fugaces, segundo que sabemos cómo verlas… en resumen, que hay mucho que aclarar y explicar si queremos entender bien qué estamos observando y no queremos perdernos el espectáculo. Para empezar, las estrellas fugaces no son estrellas...