Exoplanetas: de 51 Pegasi a KOI-872
El 5 de octubre de 1995 Michel Mayor y Didier Queloz, del observatorio de
Ginebra, cambiaron la Astronomía para siempre al anunciar la primera detección
de un planeta fuera de nuestro Sistema Solar. El exoplaneta orbitaba alrededor
de la estrella 51Pegasi, una estrella muy parecida a nuestro Sol, dando una
vuelta cada 4.23 días terrestres; su masa era similar a la de Júpiter, unas
1.000 veces la masa de la Tierra; además, estaba terriblemente cerca de su
estrella, a unos 7 millones de kilómetros. Júpiter gira a 780 millones de km
del Sol. Hasta Mercurio, el planeta más cercano al Sol de nuestro Sistema
Solar, lo hace a 58 millones de km. No es de extrañar, por tanto, que a este
tipo de exoplanetas se les comenzara a denominar Júpiter Calientes (Hot
Jupiter), en honor a su tamaño y a la temperatura elevada que debían soportar
por estar tan cerca de su estrella. Aquel 5 de octubre de 1995, la Astronomía vivió
un cambio de paradigma similar al que generó Galileo al apuntar por primera vez
un telescopio a los cielos.
Según el recuento oficial que mantiene la NASA en su catálogo de
exoplanetas, se han confirmado ya más de 6000 orbitando distintas estrellas.
Pero dejadme que os diga algo acerca de la palabra exoplaneta. Antes de 1995,
la comunidad astronómica estaba de acuerdo en que tenía que haber planetas
orbitando otras estrellas. Únicamente hacía falta descubrirlos. Y todo comenzó
en 1983, con el lanzamiento del satélite IRAS (Infrarred Astronomical
Satellite), un pequeño telescopio fabricado para observar la parte infrarroja
del espectro. ¿Por qué esa longitud de onda? Porque es aquella en la que todos
los objetos con temperatura (incluso nosotros) emiten radiación. ¿Y por qué un
satélite en lugar de un telescopio terrestre? Porque nuestra atmósfera bloquea
la radiación infrarroja, por lo que es necesario que el telescopio orbite fuera
de nuestro planeta, en el vacío y la negrura del espacio, para poder
detectarla. Tened en cuenta que una estrella brilla en luz visible
1.000.000.000 veces más que un planeta, lo que imposibilita materialmente el
que podamos “ver” exoplanetas en luz visible. Aunque la tecnología y el
Telescopio Espacial Hubble, han hecho milagros, y en 2008 llegó la primera
fotografía de un exoplaneta en luz visible.
IRAS no tardó en descubrir que muchas estrellas emitían un exceso de
radiación infrarroja y los astrónomos lo interpretaron como si las estrellas
tuvieran discos de residuos o de polvo, partículas milimétricas de silicatos
amorfos y fragmentos de rocas. Debido a que este tamaño es mayor que el del
polvo interestelar, los astrónomos pensaron que estos fragmentos eran el
resultado de choques, que fusionaban las partículas haciéndolas cada vez
mayores. Incluso los huecos se interpretaron como zonas limpias, barridas por
objetos mayores: ¿planetas? Quizás. Lo que empezaba a estar claro era que IRAS
nos podía estar mostrando otros sistemas solares en formación. Estrellas que,
con el paso del tiempo, tendrían planetas orbitando alrededor de ellas.
Llegados a este punto, hacia falta un nombre para esos posibles planetas.
Se pensó en “planetas extrasolares” (algunos utilizan esa nomenclatura hoy en
día); pero había un problema: si hablamos de planetas extrasolares, ello
implica que debe haber planetas intrasolares, algo que es absurdo, dado que no
se conocen, ni se conocerán, planetas en el interior del Sol. De ahí que el
término exoplanetas sea más adecuado.
Existen distintos métodos para detectar exoplanetas. Os decía más arriba
que las estrellas brillan mucho más que los planetas que, en el fondo, se ven
obligados a brillar reflejando la luz de su estrella madre. Sin embargo, la
relación entre la masa de una estrella y la de un planeta no es tan
desfavorable para el planeta. Una estrella suele pesar entre 1.000 y 100.000
veces más que un planeta. Esto hace que podamos “ver” los efectos
gravitacionales de los exoplanetas sobre su estrella madre. Ahora se explica
por qué los primeros exoplanetas descubiertos son los más fáciles de descubrir:
planetas gigantes, como Júpiter, con masas alrededor de unas pocas veces la
masa del gigante de nuestro Sistema Solar, ya que estos planetas son los que
más fácilmente pueden alterar gravitacionalmente a su estrella madre. A pesar
de que alguno de estos métodos de detección es algo complejo, me gustaría
enumerarlos a continuación, como referencia. Son los siguientes:
Velocidad Radial
La inmensa mayoría de los primeros exoplanetas detectados lo han sido gracias
a este método, consistente en la medición de las oscilaciones que un planeta
provoca en la estrella alrededor de la cual orbita y que se traducen en
alteraciones en la longitud de onda recibida, el conocido efecto Doppler. Para
poder medirlo se ha hecho necesario detectar variaciones de velocidad de sólo
3m/s, la misma que tiene una persona al trote. Por ejemplo, la velocidad radial
del Sol varía con un periodo de 12 años, periodo que coincide con el periodo
orbital de Júpiter. Un ser extraterrestre que estuviera analizando nuestro Sol,
comprendería que esas variaciones en la velocidad de la estrella se deberían a
un planeta que orbitaría la estrella con un periodo cercano a los 12 años,
descubriendo así Júpiter. El Sol presenta también una pequeña variación en la
velocidad radial debido a Saturno. La del resto de planetas es imperceptible.
De ahí que el extraterrestre tuviera el mismo problema que nosotros: cuanto más
pequeño sea el planeta, más difícil es detectarlo; de ahí que se produzca ese
sesgo estadístico: no es que la mayoría de los primeros planetas fueran como
Júpiter: es que los planetas como Júpiter son los que podíamos detectar.
Imagen directa
Muy complicado porque el planeta es millones de veces menos brillante que
la estrella y queda ocultado por la luz de la misma, pero funciona con planetas
gigantes, que estén muy alejados de su estrella que, a su vez, tiene que estar
relativamente cerca de nosotros..
Tránsitos
En un tránsito, la disminución de la luminosidad es función de la relación
de tamaños entre la estrella y el planeta. Los tránsitos tienen la gran ventaja
de que, por definición, permiten asegurar que la órbita de la estrella coincide
con el plano de nuestra visual, lo que permite conocer tanto la masa real del
exoplaneta como su diámetro, y por tanto la densidad. Además, se abre la
posibilidad de realizar análisis espectrométricos de la atmósfera planetaria.
Lentes gravitacionales.
El paso fortuito de otra estrella por detrás de la que queremos examinar
provocará una situación relativista, en la que la luz de la estrella de fondo
será curvada por la masa de la estrella problema. Si hay un exoplaneta en
órbita de esta última, el efecto de la lente será complejo: la imagen llegará
al observatorio duplicada y aumentada. Un planeta en órbita de la estrella
intermedia altera todavía más el trayecto de la luz
Enumerados estos métodos casi por obligación, quería hablaros de KOI-872c.
Este exoplaneta es el segundo conocido que orbita la estrella KOI-872. Los
exoplanetas se designan con el nombre de la estrella, seguido de una letra
minúscula en orden alfabético desde la “b”, que indica el orden de
descubrimiento, no la distancia a la estrella. Pues bien, este exoplaneta ha
sido el primero en ser descubierto por los efectos gravitaciones que alteraban,
no la estrella en sí, si no a KOI-872b, un exoplaneta descubierto por el método
de tránsito. Es decir, KOI-872b pasa entre su estrella y nosotros. La
disminución en la luz que detectan los telescopios más sensibles permitió
descubrirlo. Sin embargo, el planeta mostraba una irregularidad en esos
tránsitos sólo explicable si otro objeto estaba alterando la órbita
gravitacionalmente. Esto permitió descubrir KOI-872c.
Fijaos: este mismo método fue el que aplicaron Urban Le Verrier (1811-1877)
y John Couch Adams (1819-1892) de manera independiente, para descubrir el
planeta Neptuno. Fue en 1845. Adams (1819-1892), astrónomo y matemático inglés,
calculó la órbita de un nuevo planeta cuyos efectos gravitacionales explicarían
por qué Urano no seguía la órbita predicha por las leyes de Kepler. La búsqueda
se demoró en parte por el escepticismo del astrónomo real G.B. Airy
(1801-1892). En 1846, J.G.Galle (1812-1910), consiguió ver por primera vez el
nuevo planeta llamado posteriormente Neptuno. Galle utilizó los cálculos de Le
Verrier.
Si te gustan los podcast, escucha este episodio 29 de El Planeta de Pascua aquí: Exoplanetas: de 51 Pegasi a KOI-872
Comentarios
Publicar un comentario